Aviso Médico: El contenido de este artículo es de carácter puramente informativo. Si tu hijo pierde peso de manera inexplicable, rechaza grupos enteros de alimentos afectando su salud, o carece de energía, consulta a tu pediatra para descartar problemas médicos.
"No quiero esto". "No me gusta lo verde". "Solo quiero fideos". Si eres padre o madre, es muy probable que hayas escuchado estas frases. La hora de la comida puede transformarse rápidamente en un campo de batalla cuando los niños se vuelven selectivos o "melindrosos".
La buena noticia es que esta fase de selectividad alimentaria es completamente normal y, en la mayoría de los casos, pasajera. En este artículo te explicamos por qué sucede y qué estrategias respaldadas por pediatras puedes implementar hoy mismo.
Es muy común que los padres se preocupen cuando su bebé, que antes se comía todos los purés, cumple un año y de repente cierra la boca. Hay varias razones fisiológicas y psicológicas para esto:
La experta en alimentación infantil Ellyn Satter creó un modelo muy respaldado por la comunidad pediátrica para reducir la ansiedad en las comidas. Se basa en dividir las responsabilidades:
Si respetas esta regla, la presión desaparece. Tú cumples con ofrecer opciones nutritivas y confías en que el niño comerá lo que su cuerpo necesita.
Implementar la división de responsabilidades requiere práctica. Aquí te dejamos estrategias para el día a día:
No prepares una comida diferente solo porque rechazó el menú original. Sirve una sola comida familiar. Sin embargo, asegúrate de incluir siempre al menos un alimento "seguro" (algo que sepas que le gusta, como pan, arroz o fruta) para que no sienta que no tiene opciones.
Puede tomar entre 10 y 15 exposiciones a un alimento nuevo antes de que el niño decida probarlo. Simplemente ponlo en su plato sin exigir que lo coma. Puedes decir: "Puedes probarlo si quieres, y si no, puedes dejarlo en el plato".
Las comidas deben hacerse en la mesa, sin televisión, tablets ni juguetes. El niño debe ser consciente de lo que está comiendo y de sus propias señales de saciedad. Comer frente a una pantalla fomenta malos hábitos y desconecta al cerebro del estómago.
Los estómagos de los niños son pequeños. Sirve porciones muy pequeñas (aproximadamente una cucharada de cada alimento por cada año de edad del niño). Es preferible que pida más a que se sienta abrumado por un plato lleno.
Un niño que ha estado tomando jugos, leche o comiendo galletas a media mañana no tendrá hambre a la hora del almuerzo. Establece un horario de comidas y meriendas (por ejemplo, desayuno, snack, almuerzo, snack, cena) y ofrece solo agua entre ellas.
Los niños son más propensos a probar algo en lo que ayudaron. Llévalo al supermercado y deja que elija una verdura nueva, o pídele ayuda en la cocina (lavar tomates, mezclar ingredientes).
Aunque la selectividad es normal, debes acudir al pediatra o nutricionista infantil si observas lo siguiente:
Recuerda: Si tu hijo está activo, con energía y crece a su ritmo, ten paciencia. Mantén un ambiente positivo en la mesa y confía en el proceso.